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Fiesta de la Trinidad

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ICONO DE LA TRINIDAD

 

El celebérrimo ícono de “La Trinidad” es la obra más famosa de Rublëv, pintado probablemente entre 1422 y 1428 para la Catedral de la Trinidad (Tróitski sobor, en: Old Katholikon of the Trinity Lavra) del monasterio de la Trinidad y San Sergio. Rublëv representó a tres ángeles que, según el relato bíblico, fue la forma que tomó Dios para aparecer ante Abraham y Sara en Mambré.
Rublëv omitió detalles excesivos. Como todas sus obras, “La Trinidad” se caracteriza por la representación de las imágenes más significativas. Todo se somete a la idea única. En el centro del icono, un ángel simboliza a Jesucristo (por lo común, en el centro se representaba el ángel que simbolizaba a Dios-Padre). El colorido de las vestiduras es característico de la iconografía de su imagen.
 
Detrás de Jesucristo se encuentra el árbol verde del encinar de Mambré, símbolo de la vida eterna. A la derecha vemos el ángel que simboliza al Espíritu Santo. Detrás de él, una colina representa el ascenso espiritual hacia el cielo. Detrás del ángel de la izquierda hay un edificio que simboliza la casa de Dios, el orden divino del universo. Los dos ángeles, la colina y el árbol se inclinan hacia la figura de Dios-Padre.
 
Rublëv los representa en apacible coloquio, sumidos en profunda meditación. Jesucristo bendice el cáliz con la cabeza del cordero degollado, símbolo del sacrificio de Jesús, y los dos ángeles inclinan la cabeza en señal de acuerdo y obediencia. Estos aparecen con la cabeza suavemente inclinada, unidos por la concordancia espiritual, serenos, hasta parecería que tristes, pero en realidad su alegría es interior. Cuesta trabajo diferenciar las tres figuras, pues tienen el mismo rostro, como invitando al espectador a meditar sobre el misterio de la Santísima Trinidad. La paleta de Rublëv logra unir la fuerza contenida de la gama de colores del icono con los matices apenas perceptibles de las tonalidades claras y luminosas, que parecen emitir una suave luz. La composición del cuadro se basa en la sucesión rítmica de las líneas curvas, que transmiten la idea de un círculo; las ligeras figuras alargadas de los ángeles hacen juego con los contornos del cáliz, la colina, el árbol y el edificio.
 
La belleza y armonía del icono, ejecutado con sorprendente inspiración y maestría, sirvieron de modelo excelso a los artistas rusos de épocas posteriores.

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